Hola a todos los críticos del discurso de Javier Milei en el Foro Económico Mundial (FEM) de Davos. He venido del futuro que teóricamente ustedes tanto anhelan, se llama Cuba, y antes de que me explique, les pido aborten misión de inmediato y ¡Viva La Libertad Carajo!
Sinceramente les digo que he visto y sufrido en carne propia las consecuencias de un sistema que se basa en el odio a los ricos, en la confiscación de la propiedad privada, en el control absoluto de la economía y en la represión de toda disidencia.
Pretendo compartir mi modesto testimonio en apoyo al presidente del Argentina Javier Mieli intentado desmontar las falacias que en especial promueve el señor IncongTAXnito, un millonario suizo que se esconde tras un seudónimo (Johann Hug) y los anticapitalistas de Oxfam Intermón (@OxfamIntermon), Franc Cortada (@CortadaFranc), quienes parecieran querer imponer su visión estatista al resto del mundo, vendiéndola como con superioridad moral, más justa, humana y social.
El señor IncongTAXnito dice que los ricos deben pagar más impuestos para financiar el bienestar social, la educación, la salud, la cultura y el medio ambiente. Lo que ellos llaman la redistribución de las riquezas. Pero en realidad esto no es más que quitarle a los que producen para darle a los que no lo hacen, porque no saben, no pueden, e incluso a los que no quieren.
Estas ideas solo generan ambientes de tensión, con discursos discriminatorios a los más ricos, creando arquetipos en el inconsciente social. De estas ideas salen los resentimientos infundados de que los ricos son egoístas, codiciosos y explotadores, y que solo piensan en acumular más dinero a costa de los pobres.
Todo mientras el altar colectivista se llena de glorias ajenas y ostenta con arrogancia y soberbia, una supuesta superioridad moral por el simple proselitismo de consignas propagandísticas falaces, demagógicas y retoricas del totalitarismo enmascarado en seguridad social.
Yo les pregunto IncongTAXnito:
- ¿Han sufrido ustedes la realidad de los países donde se ha aplicado el modelo que usted defiende?
- ¿Han sufrido ustedes la realidad de Cuba, donde el Estado se ha apropiado de todo el patrimonio nacional y lo ha malgastado en proyectos fracasados, en guerras extranjeras, en propaganda ideológica y en mantener una élite política privilegiada?
- ¿Cuánto han sufrido ustedes por la miseria, el hambre, la escasez, la corrupción, la violación de los derechos humanos, la censura, la falta de libertad y de oportunidades que padecemos los cubanos bajo el socialismo (colectivismo, estatismo, comunismo…)?
Pues les comento que la aversión hacia las personas adineradas puede terminar afectando a quienes emprenden, a la competitividad y al sueño de prosperar con nuestro propio esfuerzo. En Cuba, esta aversión llevó a la nacionalización de las grandes empresas y a la desaparición de pequeñas y medianas negocios desde los primeros años del castrismo.
Hoy sabemos que en realidad en Cuba no terminamos con las personas adineradas, ni con la desigualdad como la maquinaria propagandística castrista y sus ecos afirman, sino con la libertad de cada uno para prosperar y hacerse rico. Porque ahora los ricos pertenecen a la casta política, la oligarquía castrista, y la castrokracia (degeneración maquiavélica de kakistocracia) que nos oprime.
Ese odio fue importado, implantado y explotado por el tirano Fidel Castro, animadversión que le permitió generar y mantener una creciente polarización del pueblo cubano dando paso a los conflictos ideológicos. Ayudó a fomentar el pensamiento dicotómico simplista y falaz, cuya forma de interpretar al mundo se reduce a dos únicas posibilidades extremas, el “nosotros vs ellos”, “socialista vs capitalista”, “revolucionarios vs contrarrevolucionarios”. Típico de los totalitarismos, desde el primero con Lenin hasta los actuales enmascarados como democracias.

«Para aplastar a los gusanos basta la masa en la calle» ─Fidel Castro
Ese espejismo de unidad por el mismo odio, envidia, fomentó una especie de incentivo institucional al falso nacionalismo, ese chovinismo limitado al constructo distópico mal llamado “Revolución Cubana” (puro castrismo maquiavélico) cuyo eslogan marcó la línea roja al pensamiento crítico, la libertad de prensa y de expresión:
“Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada”. Frase acuñada por el propio dictador Fidel Castro evidencia de que como plagiador andante solo fue original en hundir a nuestra patria en la miseria, el odio al que prospera y disiente, mostrando los claros rasgos fascistas del tirano.
«Nosotros confirmamos solemnemente nuestra doctrina respecto al Estado; confirmo no menos enérgicamente mi fórmula del discurso en la Scala de Milán: Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado» ─Benito Mussolini (Discurso de la Ascensión, 26 de mayo de 1927)
Todo este estatismo, colectivismo, socialismo, comunismo o como deseen llamarlo, nos ha llevado directamente a donde estamos hoy y donde nos hemos mantenido durante más de seis décadas ya: la más paupérrima de las pobrezas y la más limitada de las libertades.
«Mientras en Cuba la pobreza aumenta a diario en el mundo disminuye aceleradamente. El gobierno cubano afirma que es al revés, con lo enmascara otra verdad desconocida en la isla: Cuba es el único país del planeta que es hoy más pobre que a mediados del siglo XX. Ni Haití en América, ni Corea del Norte en Asia, ni Etiopía o Niger, los dos países más pobres de África, son hoy más pobres que hace 61 años, según estadísticas de la ONU»
Observatorio Cubano de Conflictos
Lo que es evidentemente innegables es la abrumadora evidencia de como el capitalismo de libre mercado bajo democracia política han mejorado las condiciones y la calidad de vida de toda la humanidad en apenas doscientos años.
Incluso para los que le buscan y rebuscan cada resquicio de los datos, y con artificios, o falacias de tipo cherry picking (de espigueo o evidencia incompleta) intentan invalidarlos retóricamente les resulta prácticamente imposible y terminan generando una verborrea nauseabunda y falaz, como el caso de Oxfam.
Los empresarios, emprendedores, son unos verdaderos benefactores sociales, quienes sin importar sus motivaciones terminan creando las riquezas que en última instancia disfrutaremos todos, tarde o temprano. Me resulta imprescindible recordarles “La riqueza de las naciones” a Adam Smith, quien argumentaba que los individuos, al buscar su propio interés, a menudo benefician a la sociedad más efectivamente que cuando intentan beneficiarla intencionalmente.
«No hemos de esperar que nuestra comida provenga de la benevolencia del carnicero, ni del cervecero, ni del panadero, sino de su propio interés. No apelamos a su humanitarismo sino a su amor propio … en este caso, como en tantos otros, es guiado por una mano invisible para la consecución de un fin que no entraba en sus intenciones (…) Jamás he sabido que hagan mucho bien aquellos que simulan el propósito de comerciar por el bien común»
─Adam Smith (“The Wealth of Nations” March 9, 1776)
La verdad mostrada en la realidad es innegable y se evidencia en el «Gran Enriquecimiento» (The Great Enrichment) fenómeno histórico que comenzó en el siglo XVIII, y se caracterizó por un aumento sin precedentes en la riqueza y el nivel de vida.

Este fenómeno fue impulsado nada más y nada menos que por la “Dignidad Burguesa”, una serie de cambios sociales y económicos que tuvieron lugar en países como Holanda, Inglaterra, Escocia y las colonias inglesas de América del Norte.
Deirdre Nansen McCloskey
La «Dignidad Burguesa» hace referencia a un cambio en la percepción social hacia los comerciantes, fabricantes e inventores, es decir, la burguesía que tanto aborrecía Marx y Engels a pesar de disfrutar de ella. Antes de este cambio, estas actividades eran a menudo vistas con desdén o sospecha. Sin embargo, a partir del siglo XVIII, la sociedad comenzó a valorar más estas actividades y a reconocer la dignidad de las personas que se dedicaban a ellas.
Este cambio en la percepción social permitió a un mayor número de personas poner a prueba sus ideas y buscar mejoras, lo que resultó en una explosión de innovación y crecimiento económico. En otras palabras, la Dignidad Burguesa creó las condiciones sociales y culturales necesarias para el Gran Enriquecimiento.
En fin, que si lo que realmente buscan es justicia, y los mueve la empatía y la compasión, les sugiero, que lejos de utilizar la coacción violenta del Estado, apelen a las virtudes burguesas, a la misericordia y la bondad humana de toda la vida.
En otras palabras, sería más ético y menos envidioso si, dando el ejemplo, donas el porcentaje que desees y le dices a tus colegas: ‘Miren, he creado una asociación para que las personas adineradas donemos un porcentaje de nuestras ganancias cada año’. Créanme, será más efectivo, como lo demuestra la experiencia, la sociología, la psicología social y hasta la propia historia de la humanidad.
Pero… ¿donar su patrimonio a quienes?
¿Al Estado?
¿A esa maquinaria burocrática que ostenta el monopolio de la violencia física, que como monstruo voraz consume todo sin producir nada fuera de más y más burocracia, dependientes, esclavos asalariados, instituciones maniatadas, ministerios de la cancelación y lo políticamente correcto, sistemas aplanadores que solo saben y pueden nivelar hacia abajo?
Estas son algunas de las preguntas que muchos ciudadanos nos hacemos ante la propuesta de aumentar la presión fiscal sobre las rentas más altas. Una propuesta que, lejos de ser justa y solidaria, muchas veces, sino las más, esconde una agenda ideológica que busca debilitar la iniciativa privada, el emprendimiento y la libertad económica.
Dado que el Estado (un grupo de burócratas en puestos públicos) es un parásito que vive a costa de los ciudadanos productivos, que son los que crean riqueza y empleo. El Estado, además, es un agente de coerción y control social, que impone su visión ideológica a través de leyes y regulaciones arbitrarias, que limitan la expresión y la acción de las personas.
A pesar de que existe evidencia de que en realidad más impuestos a los ricos son inmorales, ineficaces, injustos y contraproducentes, ya que desincentivan la inversión, la innovación y el crecimiento económico. Y por qué la solución no es quitarles más dinero a los que más tienen, sino reducir el gasto público, eliminar las barreras burocráticas y fomentar la competencia y la innovación.
Pues qué quiere que le diga, ya de eso la historia conoce sus oscuros abismos. Aun así, parece que seguimos en las mismas, condenados a repetir la barbarie estatista colectivista (marxista-leninista-fascista-nazista).
«Se va hacia nuevas formas de civilización, tanto en política como en economía. El Estado vuelve por sus derechos y su prestigio como intérprete único y supremo de las necesidades nacionales. El pueblo es el cuerpo del Estado, y el Estado es el espíritu el pueblo. En la Doctrina Fascista, el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo» ─Benito Mussolini (18 de marzo de 1934).
Lo que nos pasó es, aunque ignorado por la mayoría, fácil de comprender. Para los años cincuenta Cuba era un país en pleno desarrollo con avances tan notables que aventajaba incluso a algunos de los países desarrollados de hoy en día. Pero la dictadura “revolucionaria” castrista sustituyó la sabiduría colectiva generada por los ciudadanos por unos pocos burócratas, conformándose con el tiempo una verdadera castrokracia (degeneración maquiavélica de la kakistocracia) que dispuso de todo el capital colectivo sin responsabilidad alguna dado que su capital no estaba en juego.
Así fuimos obligados a sustituir el equilibrio del libre mercado por un sistema centralizado de control gubernamental absoluto que concentró aun más el poder de decisión de la castrokracia, que utilizó y utiliza cualquier chivo expiatorio para ocultar la ingente dilapidación de la totalidad del presupuesto de la nación, por más de seis décadas sin repercusiones de ninguna índole, más que el empobrecimiento del pueblo cubano.
Desde los mismos inicios del régimen castrista la demagogia populista respecto al empleo fue intensa, falaz, y lógicamente fallida en cuanto al cumplimiento de las promesas una y otra vez repetidas ya por décadas.
Hoy los venezolanos viven en una gran desesperanza que el Banco Mundial llamo en el 2019 “la peor crisis en la historia moderna” de la región, y lo que reflejan los índices económicos se traduce en un índice de pobreza que sobrepasa al 90% de la población, en la que la hambruna y los cortes de corriente eléctrica son prácticamente parte de la vida cotidiana, como lleva más de seis décadas ocurriendo en Cuba.
«La planificación colectiva implica socavar la naturaleza moral de los seres humanos individuales» —Tibor Machan
La falacia del pleno empleo que como logro promulgaba la inescrupulosa maquinaria propagandística castrista y sus ecos, se intentó mantener a costa de que el único empleador había sido el estado por décadas, lo que le permitía inflar platillas con puestos de trabajo improductivos cuya única función era la de evitar el desempleo.
Esto solo podría ser logrado por un lado despilfarrando el presupuesto nacional, que en su totalidad estaba en manos del propio estado. Y por otro lado con salarios irrisorios puesto que en su mayoría los puestos de trabajos son y evidentemente solo pueden ser del tipo no productivos.
Mientras la castrokracia culpaba al Embargo (mal llamado Bloqueo), y aterrorizaba al pueblo cubano con la burda mentira de una intervención estadounidense (después de la crisis de los misiles EEUU llegó al acuerdo de no intervenir en Cuba), utiliza todo el capital parasitado al bloque socialista, en la exportación de la revolución, y en más de treinta años de sostén de guerras extraterritoriales.
En otras palabras, lejos de invertir las ingentes cantidades de capital en los años previos a la caída del Muro de Berlín en el desarrollo interno del país, lo dedicó a la exportación de narcoterrorismo enmascarado en la ideología marxista-leninista.
«De acuerdo con las estadísticas oficiales de la isla, el salario medio en Cuba en el año 2016 era de 740 pesos cubanos; al cambio, unos 28 pesos convertibles (26,5 pesos cubanos = 1 peso convertible) o 28 dólares antes de retenciones fiscales (un peso convertible = un dólar). En 2012, cuando Garzón publicó su tuit, ese salario medio (que no mínimo) era todavía menor: de 466 pesos convertibles o 17,5 dólares mensuales. Sí, han leído bien: el trabajador cubano medio malvive hoy con un salario de 28 dólares mensuales: una cifra que muchos (incluido el propio Garzón cuando no se rompe las manos aplaudiendo a la dictadura cubana) reputarían inaceptablemente baja en términos diarios (no digamos ya mensuales) para España.» —Juan Ramón Rallo
Los cubanos somos pobres, y llevamos seis décadas siendo sumamente pobres y no existe un solo dato que lo desmienta. Sin profundizar mucho en el tema, y a modo de ilustración simple pongámonos en contexto.
El salario promedio de los trabajadores en la Cuba revolucionaria y socialista se ha mantenido alrededor de los $30 dólares mensuales ($22 en 2009; $27.93 en 2017; $16,6 2019), con sueldos mínimos de menos de $10 dólares, según los datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).
Incluso después del último eufemismo “La Tarea del Ordenamiento” que describe la llamada “amplia reforma económica” y que quintuplicó el salario mínimo hasta $2.100 pesos cubanos ($87 dólares a cambio estatal). Pero acompañado de una inflación con un pronunciado incremento de precios que para 2021 el salario medio (3838 pesos) era apenas un 18% mayor que el valor estimado de $3250 pesos de la canasta básica vendida por el estado en la capital.
«Por supuesto, uno podría pensar que un salario medio de 28 dólares en Cuba cundirá mucho más que uno de 25 euros en España. Pero no. Dado que Cuba no produce prácticamente nada salvo turismo, todas las mercancías esenciales deben ser importadas y, en consecuencia, se importan a los altos precios de los países que las fabrican. De hecho, y para despejar cualquier duda, las autoridades cubanas también publican una larga lista de precios regulados para productos de primera necesidad: por ejemplo, cinco huevos tienen un precio de 0,6 pesos convertibles (0,6 dólares), un kilo de pechuga de pollo deshuesada asciende a 4,35 pesos convertibles, un kilo de leche en polvo cuesta 5,5 pesos convertibles, un tercio de cerveza supone un peso convertible y 100 gramos de pasta de dientes tienen un precio de 1,2 pesos convertibles. O expresado con otras palabras, el sueldo mensual del cubano medio se extingue en una cesta compuesta por tres kilos de pechuga de pollo, dos kilos de leche en polvo, dos docenas de huevos y un tubo de pasta de dientes. Su sueldo no da para más en todo un mes. Y ya si ese cubano medio quisiera optar por un bien de mucho más lujo como un televisor de tubo de rayos catódicos de 21 pulgadas (nótese el sarcasmo), necesitaría el sueldo íntegro de 10 meses (dado que el salario medio en España es de 1.950 euros al mes, sería equivalente a que un televisor de segunda nos costara casi 20.000 euros).» —Juan Ramón Rallo
Siendo aún peor para el 2022, donde el cambio había roto récord de hasta $200 pesos por un dólar en el presente mes de octubre. O sea que el salario medio de $3838 ÷ 150 = $25,58 USD por mes o $0,85 USD al día, que es menor que los $1,90 USD por día de la línea de pobreza de la ONU.
«La pobreza es mayor de lo que suponemos. Basta con mirar la presencia gris de quienes caminan sin rumbo. A esa legión de seres alienados por el hambre, víctimas de la desproporción entre el salario y los precios de las mercancías, no solo pertenecen los mendigos, los locos sin apoyo estatal, los borrachos que deambulan de la casa al bar y los viejitos cuya pensión mensual les dura una semana» ─ Miguel Iturria
Mas de 60 años de un sistema que se dice superior y hoy en día un médico como yo gana 40 veces menos al mes que su abuelo obrero en 1958 cuando además el peso cubano estaba 1 a 1, a la par del dólar.
A partir de esta cifra, podemos calcular, que como promedio un trabajador en Cuba gana unos $0.18 USD por hora ($20,86 pesos por hora). Sobre la base de que trabaja 8 horas por día, 5 días por semana y 4 semanas por mes, (total 160 horas).
Si nos comparamos con el resto del mundo donde menos del 9% (8,4%) de las personas vive en “extrema pobreza” con menos de $1,90 al día, encontraríamos que más del 90% de los cubanos (9,9 millones) estaríamos dentro de ese porciento extremo.

Mientras las personas viviendo por debajo del umbral de extrema pobreza absoluta continua mundialmente a la baja. Y se puede seguir un estimado a tiempo real en el siguiente link: https://worldpoverty.io/headline
«el número de personas que viven en la pobreza extrema viene cayendo casi continuamente desde hace años; el descenso sólo fue interrumpido por la crisis del COVID-19. Antes de que surgiera el capitalismo, la mayor parte de la población mundial vivía en pobreza extrema. En 1820, la tasa era del 90 por ciento; hoy, ha caído por debajo del 9 por ciento. Lo más sorprendente es que en las últimas décadas la disminución de la pobreza se ha acelerado más rápidamente que en cualquier fase de la historia de la humanidad. En 1981, la tasa era del 42,7 por ciento; en 2000, había caído al 27,8 por ciento; ¡Hoy es el 8,5 por ciento!» —Rainer Zitelmann (@RZitelmann para @HumanProgress)
¿A ONGs anticapitalistas como Intermón Oxfam?
Si se van a presentar argumentos sobre la base de datos, es recomendable como mínimo que se haga con responsabilidad y conocimientos de la calidad de estos y la ética de la fuente primaria. Los datos presentados en los informes de Oxfam no cumplen ni con el mínimo posible de rigurosidad y han sido ampliamente cuestionados, refutados y denunciados año tras año por falsear o mentir directamente.
Pues es sabido que los pobres no necesitamos paliativos, porque no nos ayuda a largo plazo. Lo que necesitamos es educación para tener conocimientos y libertad, que no se nos interpongan ni el Estado, ni la corrupción oculta detrás de paladines del espejismo de la justicia social.
No me malinterpreten. No estoy en contra de la filantropía, ni de la solidaridad, ni de la generosidad. Creo que son valores importantes y necesarios en una sociedad civilizada. Pero también creo que hay otras formas de contribuir al bien común, más allá de regalar dinero.
Formas que implican un compromiso real con la transformación social, con la participación ciudadana, con la democracia, con la justicia. Formas que no buscan imponer una visión única y homogénea del mundo, como hace la izquierda mundial, sino que respetan la diversidad y el pluralismo. Formas que no se basan en el paternalismo estatista y el asistencialismo colectivista, sino en el empoderamiento y la autonomía.
«Obstrucción del Gobierno a la observación internacional de los derechos humanos: El Gobierno cubano suele recibir con satisfacción las visitas de organizaciones internacionales que ofrecen ayuda humanitaria, especialmente las que se han opuesto públicamente al embargo estadounidense sobre Cuba. Pero concede un trato distinto a los organismos internacionales de derechos humanos y humanitarios que se muestran críticos con su historial de derechos humanos, prohibiéndoles habitualmente el acceso al territorio nacional. Desde 1995, el Gobierno cubano no ha permitido a Human Rights Watch que regrese a Cuba. El Gobierno cubano nunca permitió la entrada al país del Relator Especial de la ONU sobre los derechos humanos en Cuba» ─Human Rights Watch
Human Rights Watch, La Maquinaria Represiva de Cuba: Los Derechos Humanos Cuarenta Años Después de la Revolución, 1 junio 1999, disponible en esta dirección: https://www.refworld.org.es/docid/57f79452c.html [Accesado el 17 agosto 2023]
También debo recordarles, que fuera de las democracias occidentales, las ONGs como no son bien vistas, y en Cuba no están permitidas a menos que se subordinen directamente al castrismo y en cuyo caso terminan lavando la imagen de la dictadura, como casualmente también hace Oxfam reclamando el fin del “Bloqueo” a Cuba.
No quisiera terminar sin exponer cómo sus ideas están haciendo daño al mundo próspero y civilizado en democracias, algo en lo que enfatizó el presidente de Argentina Javier Milei. Se trata de un archiconocido debate todos tus datos provienen de una gran falacia del marxismo que es su teoría del valor trabajo, y con ella nace la teoría de la explotación, y así arrastran el error de que los pobres son cada vez más pobres porque los ricos son cada vez más ricos, pero eso carece de evidencias demostrables y sí de muchos argumentos en contra como te explicaré a continuación:
En primer lugar, el valor de un bien o servicio no es algo objetivo ni inherente a las cosas, tampoco depende del tiempo o esfuerzo que se invierte en producirlo, sino subjetivo y dependiente de las preferencias individuales y de la utilidad que le otorga el consumidor.
El trabajo no crea valor por sí mismo, sino que lo transfiere o transforma según la demanda del mercado. Por ejemplo, un pintor puede pasar horas trabajando en un cuadro que nadie quiere comprar, o sea su trabajo no tiene valor, mientras que otro puede vender una obra con tres garabatos, o incluso solo su firma en minutos y por un precio elevado.
¿Quién determina el valor? El mercado, es decir, la oferta y la demanda. El valor se determina por la utilidad marginal que le otorga cada persona a un bien o servicio en función de sus necesidades y deseos. Por ejemplo, una misma botella de agua, independientemente de su coste de producción, puede tener un valor muy alto para alguien sediento en el desierto (poca oferta y alta demanda), pero muy bajo para alguien que tiene abundante acceso al agua. Lo dicho, el valor es subjetivo y depende de las preferencias de cada individuo.
En segundo lugar, la riqueza no es un pastel fijo (ni algo limitado) que se reparte entre unos pocos privilegiados, siempre en detrimento de otros muchos explotados, sino algo dinámico y creciente que se crea constantemente gracias a la innovación, el emprendimiento y el efecto multiplicador del intercambio voluntario. La riqueza se crea cuando se produce más de lo que se consume, cuando se ahorra e invierte en capital productivo, cuando se innova y se mejora la eficiencia y la calidad.
Cuando alguien compra un producto o servicio, lo hace porque valora más ese bien que el dinero que entrega a cambio. Ambas partes salen ganando. La riqueza no se transfiere, se multiplica. Por eso el mundo es hoy mucho más rico que hace siglos, cuando no existían las tecnologías y los mercados actuales.
Por ejemplo, un empresario puede crear una empresa exitosa dentro de un mercado competitivo aportando bienes y/o servicios de mayor calidad a mejor precio, generando beneficios para él y para sus empleados, proveedores y clientes. Su riqueza no se hace a costa de los demás, sino que contribuye al crecimiento económico general.
En tercer lugar, los pobres no son más pobres porque los ricos sean más ricos, sino porque carecen de oportunidades para mejorar su situación. La pobreza se reduce cuando hay más libertad económica, es decir, cuando hay menos barreras legales, burocráticas e impositivas para crear y desarrollar negocios. Porque esto aumenta el nivel de vida de las personas mediante el acceso a bienes y servicios básicos como alimentación, salud, educación, vivienda, etc. Los países más libres son también los más prósperos y los que tienen menos desigualdad. Los países más intervenidos son los más pobres y los que tienen más corrupción.
La pobreza no es algo inevitable ni permanente, sino evitable y superable. Pero no se combate con redistribución forzosa ni con asistencialismo paternalista, sino con generación de oportunidades y con incentivos al trabajo productivo y al emprendimiento. Por ejemplo, un trabajador puede mejorar sus ingresos si adquiere más habilidades o si busca mejores empleos para su experiencia. Un emprendedor puede salir de la pobreza si crea un negocio rentable que satisface las necesidades del mercado.
En fin, ustedes se basan en una visión errónea y peligrosa de la economía y la sociedad. Porque parte de premisas falsas y propone soluciones contraproducentes. Su propuesta de aumentar los impuestos a los ricos no solo es injusta e inmoral, sino que es ineficaz para reducir la pobreza, promover la justicia y el bienestar general. Los impuestos desincentivan la inversión, la producción y el consumo, lo que reduce el crecimiento económico y la generación de empleo.
Los impuestos también alimentan al Estado, que se vuelve más grande e ineficiente, gastando más de lo que ingresa y endeudándose cada vez más. Los impuestos no ayudan a los pobres, sino que los empobrecen aún más.
Por el contrario, lo que se necesita es una economía libre y abierta, donde cada persona pueda desarrollar su potencial y crear valor para sí mismo y para los demás. Esa es la verdadera vía para el progreso y la prosperidad de todos.
Pero… ¿Por qué esta heredera millonaria (Stefanie Bremer) quiere más impuestos para ella y el resto de los ricos? ¿Será sencillamente porque su patrimonio no es fruto de su sudor, de su esfuerzo, ni de su sacrificio? ¿Será que quiere fama, influencia, o que solo persigue un capricho de niñita mimada? Dándole el justo veneficio de la duda espero que sus deseos sean legítimos y de así serlo profundice en el valor y el peso de las ideas, y de que una vez implantadas tendrán consecuencias, algunas sabidas y otras nuevas.
Solo le recuerdo con modestia y mis mejores intenciones, que si no trabaja para mantener su patrimonio heredado lo perderá, como demuestran los estudios con los ganadores de la lotería, por ejemplo.
Que de este lado del espectro político sabemos que muchas veces, sino las más, los defensores del modelo totalitario lo hacen porque en realidad no tienen ni idea de lo que hablan. Vive en una burbuja de riqueza y comodidad, y desde ahí quiere dictarle al resto del mundo cómo debieran vivir. Por lo general no reconocen el valor del trabajo, del esfuerzo, de la iniciativa, de la creatividad, de la competencia, del mérito, del sueño de prosperar con el fruto de uno mismo.
De esta forma terminan por no respetar la libertad individual, la propiedad privada, el mercado libre, el estado de derecho, ni la democracia. Se convierten en arquetipos de hipócritas que quiere imponer una receta que nunca ha funcionado y que solo ha generado pobreza, opresión y sufrimiento.
Les insisto, si usted tanto desean ser justos, empáticos y compasivos, haga lo que quiera con su dinero, pero no pretenda obligar a los demás a hacer lo mismo. Si ustedes quieren ser solidarios, donen voluntariamente parte de su fortuna a las causas que le parezcan nobles, pero no exija al Estado que lo haga por usted. Si de verdad ustedes quieren ser un ejemplo, muestre con sus acciones no con movimientos que promulgan fórmulas para dominar a otros.
En conclusión, yo les pido que dejen de autoengañarse y de engañar a los demás con sus falsas promesas. Dejen de fomentar el odio y la división entre los ciudadanos. Dejen de usar al Estado como un instrumento de coerción y violencia. Dejen de ser falsos profetas salvadores porque terminarán llevándonos al abismo.
Contrarevolucionariamente… que Viva La Libertad Carajo!
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