¡Patria y Pinga, o así balbuceo la moringa!

«El traje de la virtud / Viste mil veces el fraude, / Y el mundo á ciegas aplaude / Con necia solicitud. / Más que placer, inquietud / Debe al hipócrita dar / Ese incienso popular, / Ese mundano oropel, / Pues nadie sabe cómo él / Cuánto tiene que tapar». —Raimundo de Miguel, “Fabulas Morales”, 1874.

Paciencia tuvo la muerte al sorprender Nicanor por la boca, y en el lecho del unicornio, que delirando ser rocinante a su molde le restringía, mientras luchaba su yuca predicando psicologías al día con catalejos chinos causantes de ceguera político-filosófica, bizquera para doblegar ingenuidades de enanitos verdes repujados por arcaicos muñequitos rusos, sin juguetes, sin parques, pero siempre uniformados.

Apologistas del Holodomor, jineteros de la plusvalía, que cubrieron con sangre de pueblo a los ángeles caídos. En su doble enterramiento, aquel que amaba los perros, caía de las amordazadas estadísticas, sin saber que quienes le daban sepultura, eran los mismos que se inventaron al susodicho Che, y que nunca fueron como aquel, más que por lo rancia y sanguinaria de su propia asesina hiel. En estampidas como zombis de cloacas y camaleones de espíritu reptante, erraron huyendo de su Némesis hasta que les toco a la puerta, la “Dies Irae” del octavo mandamiento de su propio Guillermo Tell.

«El diablo con alas, con su corazón desierto, verá venir al karma como tormenta a su cuerpo». —Diablo Con Alas Al2 El Aldeano & Raymond Daniel

Del hipócrita que nunca fui, al cínico que eres, prefiero ser anormal, antes que cobarde cómplice. Ahora los bandos comienzan a ser más parecidos a nuestra realidad, a la realidad “real”, con todo y redundancia, a la diversidad objetiva de la naturaleza en sí misma.

Resulta que, despejado el humo de la unanimidad, a la autoproclamada “magnánima” revolución de los humildes y para los humildes, quienes único la defienden son las ciberclarias con su amo el anónimo “guerrero” de la bazofia, la casta castrista, su oligarquía y élite política.

Esta confesión pretende ser reivindicativa de aquella “Mea Culpa” moral, que cada cubano ha de experimentar si se decide a ser sincero alguna vez en su vida. Durante ese doloroso duelo liberador de evocar al recuerdo, todo aquello que refleja la desgarradora aceptación de saberse engañado.

Porque durante mucho tiempo fui parte de esa mentira colectiva, de una ilusión de sociedad implantada que se desmorona cada día desde su mismísimo comienzo y aparentemente interminable principio del fin. Y contra el silencio cómplice pretenden ser estas palabras, elocuente testimonio.

«Afuera, nada de miedos, a fuera, siempre habrá luz si me pierdo… nadie quien pregunte para abrirme el pecho: ¿vienes del izquierdo?, ¿vienes del derecho?» —Buena Fe

Eso vociferábamos prácticamente todos en la “Plaza de la Revolución” otrora y más cubanamente llamada “Plaza Cívica”, señalando enfáticamente y al unísono hacia el mar del norte, a esa simbólica dirección de malecón y 90. Era un aliviadero de rabias y descontentos, a la libertad de expresión cotidianamente negada, reprimida dentro de una sociedad putrefactamente hipócrita hasta la más absurda sumisión.   

Para ese entonces no tenía tan claro yo lo de sincronización cerebral, albergaba nociones de manipulación de las masas, de cómo se puede crear una falsa conciencia colectiva mediante el uso de símbolos, consignas y rituales. Ya sospechaba yo que había sido y estaba siendo parte de un experimento de ingeniería social sin precedentes, sometidos al control social extremo, de una tiranía que disfrazada de utopía terminó siendo un mero constructo distópico del absurdo.

De cierta forma intuía yo, que estaba renunciando a mi individualidad, a mi capacidad crítica, a mi derecho a disentir. Por claro, sí que tenía, aun dándote el veneficio de la duda, que no había total sinceridad en tu trabajo, porque a fin de cuentas es raro que un egresado de C.I. (contrainteligencia) abandone tan fácil su boniato (carné de la seguridad del estado).    

Pero naufragaba solo, como todo joven cubano con criterio propio, a sotavento por los intangibles bordes de un agujero negro institucional que te succiona al dogmatismo, al tribalismo sectario y, por si fuera poco, siempre a contracorriente de una masa sin más cantera que la ideología del odio. Ese socialismo/comunismo divino como religión política y propaganda que intenta enmascarar a un sistema mafioso, los abusos de poder de una institución tan profundamente corrupta que debería ser tratada como una organización criminal.

Por las deprimentes, y no por eso menos amadas calles de mi Habana, donde el tiempo parecía detenerse para intentar ocultar como sus colores se van desvaneciendo. Tal como aquel que jamás fue de parís, deambulaba yo, como quien se ha perdido a sí y en sí mismo, como quien buscaba una salida fuera sabiendo, que la tiene dentro, una esperanza con voz propia.

Pero solo encontraba muros, silencios y miradas vacías de autómatas del miedo. Sobrevivientes de la insalubridad, peregrinos de las colas del hambre, fieles del conformismo, perpetuadores de la desidia, militantes del inmovilismo, aduladores de la kakistocracia, vasallos de la doctrina y la ideología del odio.

Mientras más buscaba, más me alejaba de esa blasfemia al cubano y si historia mambisa, refugiado en Martí, como él, más radical me volvía. Bajo los ideales fundadores de la república soñada, planificada y nacida desde el exilio, en el corazón de la más libre de las democracias. Más y más vomitiva me resultaban la retórica de los pretendientes del apóstol.

Reprimiendo a gritos los sueños de viajar, simplemente porque eran, para el cubano de a pie, una mera antesala para emigrar. Pero sufriendo sin poder contener los deseos de conocer otras realidades, donde expresarme libremente.

Por entendido tenía, que ninguna sociedad, hasta la fecha, por avanzada o civilizada que fuera, ha logrado que la unidad sea la característica esencial que la defina. También resulta innegable, que algunas han logrado una elocuente armonía participativa y funcional como verdaderas democracias. Y otras, como la nuestra, tristemente impone y vive para imponer un canon dogmático y del que hace inescrupulosa propaganda sobre su falsa realidad.  

«Cuba está sufriendo tus clarias no son serias, Ya no saben cómo disimular tanta miseria». —Al2

No es mi interés intelectualizar más el conflicto que tenemos, aislándolo de aquellos que más que nosotros, necesitan reconocerlo y personalizarlo. Pero habiéndome sentido aludido, por médico, y, sobre todo, por cubano conectado a nuestra vergonzosa realidad, pretendo desahogarme sobre tus falacias, desde mi experiencia personal, mi proceso de despertar y desaprender la absurda ideología que me habían estado inculcando desde niño.

Es mi interés invitar a los cubanos a reflexionar sobre lo que somos y lo que queremos ser como pueblo. Intento contribuir, y quizás, enriquecer el diálogo sincero y respetuoso entre todos los cubanos, sin importar su forma de pensar o su ubicación geográfica. Es mi anhelo compartido de vivir la libertad de logar algo más que soñar con un futuro mejor para nuestra patria, sin partido único ni falsas dicotomías discriminatorias.

Tú has dicho, de una manera u otra, que en Cuba la educación superior es gratuita y que eso es una ventaja frente a otros países donde hay que pagar por ella, y por eso a los que deciden residir en otras naciones se les debería cobrar tal supuesto privilegio.

«no me regales más nada, déjame ganármelo yo… no me cobres luego a pedradas» —Buena Fe

Es terriblemente fácil aprovecharse de la ignorancia de un pueblo, aislado geopolítica y socialmente, al verse imposibilitado de viajar a consecuencias de su perene huida de la miseria y la falta de libertades, por su deprimente poder adquisitivo, y por si fuera poco, por necesitar permiso de salida de su amo y señor, Leviatán (estado/ gobierno/ partido/ dirigente).

Suelo ser de los que persevera estratégicamente, de los que no se quejan, de los profundamente agradecidos, lo que no evita que también sea, de los que prefieren labrar su camino por escabroso que fuera, antes que mendigar limosnas o prostituir su carácter con prebendas compra voluntades.

Podría comenzar diciéndote directamente que preferiría haber pagado la carrera si de antemano supiera que después me la iban a estar cobrando en sangre y sacando a todas horas como si hubiese sido un regalo de lo real maravilloso… pero en realidad la pagué y con creces.

Pasemos por alto, no por menos importante, que, aunque las matrículas en las universidades son gratuitas, existen otros costos asociados, como los gastos de transporte, libros y materiales de estudio, que recaen en los estudiantes y sus familias. ¿Imaginas los resultados de estudiantes que solo lean libros fusilados y atrasados?

Ya sé, “no puedes estar en todas”, y no imaginabas que la escuela de medicina cubana tuviera libros viejos y fotocopiados sin permiso, violando masivamente los derechos de autor (de esto sí que entiendes algo tú). Pero no andemos de prisas, porque tu misa de réquiem ya el Aldeano, desde su cueva te la había recitado.

«Con la realidad, se ve, no estás comprometido, vives bien gracias a ese pueblo que está tan jodido. Vine a escupirte con clase, comunista arrepentido, y a soltarte con la cara, más roja que tu apellido» —Al2 El Aldeano

Comencemos por mencionar que la “gratuidad” de la educación superior en Cuba ha estado acompañada de un sistema de control ideológico y político, donde se espera que los estudiantes adhieran y promuevan los principios y la agenda revolucionaria del gobierno. Esto limita la libertad académica y la posibilidad de un pensamiento crítico independiente.

Por ejemplo, en tu “revolución maligna”, esa en la que “todos son Fidel, pretenden, fingen o quieren serlo”, no había plazas ideológicas para mí. Porque es una “universidad para los revolucionarios”. Según me comentaron fui salvado en un acto de verdadera buena fe contrarrevolucionaria. En la que una profesora de psicología cambió mi respuesta a tan absurda y discriminativa pregunta, enfrentándose al chivatón de turno de la F.E.U. participante del trío que me entrevistó.

Algo que lógicamente no supe hasta muchos años después de “pasada” aquella “prueba de aptitud”, otro engendro y filtro revolucionario para el apartheid político al que nos ha sometido el castrismo que defiendes, por más de medio siglo ya.

De esa forma estarías cobrando un servicio, para el cual ningún cubano ha tenido la oportunidad de escoger. Todas las Universidades en Cuba son en esencia la misma mole burocrática, dirigida y supervisada por las “políticas revolucionarias”.

Como todo lo que se basa en el absurdo (moral y de eficiencia) de la centralización, o sea la planificación central, como es el caso de toda institución sobreviviente en Cuba, de obligada subordinación al Partido Comunista de Cuba, el cual ha estado en manos de los hermanos castros por más de seis décadas.

La enseñanza en Cuba está profundamente sesgada y destinada al adoctrinamiento sistemático, a todos los niveles, y funcionando en favor del políticamente útil constructo “revolución/dirigentes/partido/estado”. Imposibilitándole la enseñanza a pensar por sí mismos y con pensamiento crítico, que solo se generaría al haber sido expuestos a la mayor parte del espectro de los pensamientos políticos, sociales y filosóficos existentes.  

Pero vamos a los pagos de la carrera, que es lo que te preocupa a ti, y al de los selectivos puestes. Pues en mi caso, como el de la mayoría, la carrera comencé a pagarla bien temprano, tan temprano como sin haberla terminado. Y me explico, fue durante lo que debía ser el “internado profesionalizante”, el paso más importante antes de comenzar a ejercer como médico recién graduado.

Eran tiempos en los que “el proferta de la moringa” y “ridículo de la olla reina” comenzaba a pagar con esclavos asalariados, sus delirios megalomaníacos, la deuda adquirida por el parasitismo económico al discípulo y tirano de Venezuela. Así que decidió enviar a colegas como “esclavos de bata blanca”.

Como has dicho que no puedes estar en todas, te explico que nuestro Leviatán (Estado / Nación / Gobierno / PCC), se queda con más del 90% (siempre más del 70%) del salario de las llamadas misiones médicas, y varias organizaciones por los derechos humanos le ha acusado formalmente antes las Naciones Unidas.

Ya sé, —no me digas—, ese dinero es “necesario” para “comprar la leche” de los niños de 0 a 7 años. También el recaudado por los pasaportes a 400 CUC, la totalidad del pescado que es exportado, y del monopolio estatal ETEC.SA además, y así, todo lo que quepa en el saco o, mejor dicho, en el pozo sin fondo. Lo vergonzoso es, que todavía haya personas que se lo crean, ¿no te parece?  

Como era de esperar de una autocracia cerrada (según RoW: Regimes of the World), de hecho, el régimen autocrático más longevo del hemisferio. Dejó a nuestro pueblo prácticamente sin médicos, y tapando parches como de costumbre, obligó a los estudiantes a sustituirlos. Por esa época, aunque no estes en todas, era palpable el sentir de los cubanos de a pie pidiendo permutas para Venezuela buscando ser atendidos medicamente.

Así que, en deplorables condiciones, me pusieron en 6to año de la carrera a trabajar sin sueldo, con un estipendio ridículo e irreal, como médico (aún sin estar graduado) de toda una población que antes era atendida por varios médicos de distintos consultorios. O sea que me OBLIGARON a estudiar y trabajar, justamente lo que tanto le critican al capitalismo, sólo que esta vez, era una “necesidad de la revolución altruista”.

Naaa, ¿qué dices, en Cuba?, no puede ser, si aquí todo es espontaneidad. —¿Qué cómo te obligan? ─ Pues sencillo, lo típico, te chantajean con ser expulsado de la carrera.  

Por ejemplo, como cuando en medio de la pandemia, la decana de la Facultad de Medicina de la provincia de Holguín ordenó a un estudiante retirarse el nasobuco (mascara) durante una conferencia de clases.

O el episodio éticamente inconcebible del Dr Rafael González Ponce de León, decano de la Facultad Calixto García de la Universidad de Ciencias Médicas de la Habana, participando en la extorsión durante los ilegales interrogatorios por la policía política al secuestrado estudiante Ariel Falcón conocido en las redes por @YoUsoMiNasobuco y coaccionarlo por su apoyo a #SOSCuba y el #11JCuba con su la carrera como moneda de cambio.

¿Que los estudiantes universitarios chantajeados con perder la carrera si no colaboran, sean enviados contra su voluntad y exponiendo sus propias vidas en las labores de pesquisaje (cribado) de casos de COVID-19 no le parece esclavitud moderna?

Ojo, que dicen que “tanta culpa tiene el que mata la vaca, como el que le aguanta la pata”, y por esas fechas andabas en dúo muy activo, y no precisamente cantando. Y acoto antes que todo, no se trata de pensar diferente, ni de a que bando se pertenece, si ambos fuéramos en igualdad de condiciones, con honradez, ética y sobre todo iguales ante la ley.

Pero hacerse el “pulcro revolucionario” dentro de una mole de policías encubiertos de civil, otra muchedumbre coaccionada, arengada a actuar con palos (dentro de ellos jóvenes del servicio militar obligatorio), y la policía uniformada todos de parte de un bando, es como mínimo el abuso de poder más vergonzosamente cobarde de nuestra historia.

Pregonar tolerancia, y hacer alarde de democracia cuando se escupen sandeces en actos de repudio, pero atar a los otros y masacrarlos cuando les toca su turno, es lastre moral, un tatuaje de inhumana cobardía a nuestra genealogía de cubanos.     

Le comento también que me hicieron pagar con dolor y cierto sufrimiento, cuando violando mis derechos de libertad, y como si de un preso en mi propia patria se tratara, pisotearon mi derecho a viajar libremente, todas y cada una de las veces que me negaron la salida del país. Primero por ser estudiante de medicina, suena inhumano, ¿verdad?, y después por ser médico, hasta parecería un castigo por haber escogido una profesión maldita.

Pero no solo me privaron de la libertad de circulación, también enunciada como libertad de movimiento, contemplada el en artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), sino que además me impidieron ver a mis familiares, incluso cuando demostré con documentos oficiales y legales que mi padre estaba pasando por una enfermedad.

Agréguele el agravante de que mis colegas estudiantes cuyos padres estaban de “misión” si podían salir al extranjero. Lo cual no es aberrante si se tiene en cuenta que a esos esclavos de bata blanca se les tiene custodiados, se les retira el pasaporte, en fin, se les tiene fácilmente coaccionados en caso de que su familiar “deserte”, como le llaman inhumanamente los voceros y esbirros del castrismo, apologistas del militarismo de estado.

Permítame añadir además que limitaron mi capacidad como profesional, como investigador y científico cuando por mérito propio gané una de las 2 únicas plazas para una beca de estudios pagos (TOTALMENTE GRATIS) para toda Iberoamérica y siendo más joven que la media de los pocos que lo habían ganado anteriormente, algo que debería haber sido digno de orgullo y apoyo institucional…

Lo que debería ser un premio al intelecto y la profesionalidad, terminó siendo una especie de castigo, que recobra nuevamente otras dimensiones, cuando sabemos que los hijos de dirigentes y otros círculos de poder viajan por placer y a sus anchas con el dinero de mi pueblo. La lista de atrocidades del régimen cubano es inmensa y lo peor es que continúa creciendo.

¿Has escuchado alguna vez a algún colega médico pedir públicamente que se le impida la salida a los artistas y músicos? A fin de cuentas, siendo meritocráticos y chovinista como la “emulación socialista” nos indica, ¿Qué es más importante, que ustedes salgan en su veneficio propio, a cantar a un público extranjero, mercenario, gusano y excubano? ¿O que lo haga un médico a superarse para mejorar la atención de nuestro pueblo?  

Entonces dejaré de mirarme al ombligo, y saliendo de lo personal continuaré con los argumentos contra sus falacias compartidas con el infausto castrismo.

Vamos a analizar la falacia de la “Universidad gratis” que se utiliza para justificar el poco ético sistema educativo cubano. Esta falacia consiste en afirmar que los estudiantes cubanos reciben una educación de calidad sin tener que pagar nada, y que por lo tanto deben estar agradecidos y comprometidos con el régimen que les brinda esa oportunidad. Sin embargo, esta falacia oculta los verdaderos costos y consecuencias de estudiar en Cuba, tanto a nivel individual como social.

Hagamos el planteamiento de la estructura formal de esta falacia sería:

Premisa 1: Los estudiantes cubanos reciben una educación de calidad sin tener que pagar nada.

Premisa 2: Por recibir esta educación gratuita, los estudiantes deben estar agradecidos y comprometidos con el régimen.

Conclusión: Por lo tanto, el sistema educativo cubano es ético y no tiene costos ni consecuencias negativas.

Esta falacia se basa en una profunda simplificación y grave tergiversación de la realidad, al enfocarse únicamente en el aspecto gratuito de la educación cubana y pasar por alto otros elementos relevantes.

Por tanto, no se consideran los posibles problemas de calidad educativa, limitaciones en el acceso a recursos y oportunidades, falta de libertad académica y de expresión, así como las restricciones en la elección de carreras o la falta de opciones para continuar estudios en el extranjero.

Al presentar la educación gratuita como el único factor determinante de la calidad del sistema educativo y exigir gratitud y compromiso a los estudiantes, se evita discutir las deficiencias y restricciones del sistema, desviando la atención de los verdaderos costos y consecuencias que pueden existir tanto a nivel individual como social.

Podríamos clasificarla como una combinación de varias falacias en el argumento:

1. Falacia de generalización apresurada: Se generaliza la afirmación de que todos los estudiantes cubanos reciben una educación de calidad sin costo y, por lo tanto, deben estar agradecidos y comprometidos con el régimen. Esta generalización puede pasar por alto las diferencias individuales y las posibles deficiencias en el sistema educativo.

2. Falacia de omisión: Se omiten o ignoran los verdaderos costos y consecuencias de estudiar en Cuba, tanto a nivel individual como social. Al centrarse únicamente en la gratuidad de la educación, se ocultan aspectos relevantes como la calidad educativa, la falta de libertades académicas y de expresión, las limitaciones en el acceso a recursos y oportunidades, entre otros.

3. Falacia de afirmación del consecuente: Se establece una relación causal incorrecta entre recibir una educación gratuita y estar agradecido y comprometido con el régimen. El argumento asume que la gratuidad de la educación es la única razón por la cual los estudiantes deberían estar agradecidos, sin considerar otros factores que podrían influir en su actitud hacia el régimen.

Aquí le dejo los argumentos que se me ocurren, pero seguro hay muchos más para reflexionar:

– La educación superior no es gratuita en Cuba, sino financiada por el Estado con el dinero de los impuestos que pagan los ciudadanos, o con la verdadera plusvalía socialista que se queda el Estado al pagar salarios irrisorios e inhumanamente bajos. Es decir, los cubanos pagan indirectamente por su educación con una parte de sus ingresos, que son muy bajos y no les alcanzan para cubrir sus necesidades básicas.

– Los estudiantes de medicina cubanos tienen que realizar un servicio social obligatorio de varios años en condiciones precarias y peligrosas, que puede ser tanto dentro como fuera del país. Muchas veces son enviados a misiones internacionales, donde son explotados y vigilados por el gobierno cubano, que se queda con la mayor parte del dinero que pagan los países receptores. Estos médicos no tienen derecho a elegir dónde trabajar, ni a renunciar a su trabajo, ni a viajar libremente.

– Los estudiantes de otras carreras también tienen que cumplir con un servicio social obligatorio, que puede consistir en trabajar en el campo, en la construcción, en la industria o en cualquier otro sector que el gobierno considere prioritario. Estos trabajos no tienen nada que ver con su formación ni con sus intereses, y les impiden acceder a otras oportunidades de estudio o empleo. Además, los estudiantes tienen que participar en actividades políticas y militares que les adoctrinan y le someten a la disciplina del partido comunista.

– La educación superior en Cuba no es de calidad ni de excelencia, sino deficiente y obsoleta. Las universidades carecen de infraestructuras adecuadas, de recursos tecnológicos y bibliográficos, de profesores capacitados y actualizados, de programas académicos innovadores y diversificados. Los estudiantes no tienen acceso a información plural y veraz, ni a intercambios culturales y científicos libres de censura con otras instituciones del mundo.

– La educación superior en Cuba no es libre ni autónoma, sino controlada y subordinada al régimen. Las universidades están sometidas a la censura y la represión del partido único y sus organizaciones afines. Los estudiantes cubanos no tienen libertad para elegir qué estudiar, ni dónde estudiar, ni cómo estudiar, ni siquiera de expresar sus opiniones libremente. Los profesores no pueden investigar ni enseñar lo que quieren sino lo que les dicta el régimen. El gobierno también decide qué carreras se imparten, qué planes de estudio se siguen, qué profesores se contratan y qué libros se usan. Los estudiantes no pueden acceder a fuentes de información alternativas o independientes, ni expresar sus opiniones libremente, ni cuestionar lo que se les enseña.

– La educación superior en Cuba no es inclusiva ni equitativa, sino discriminatoria y excluyente. Las universidades poco a poco van quedando reservadas para los militantes y los simpatizantes del partido único o para los hijos de los dirigentes o funcionarios del régimen. Los demás tienen pocas posibilidades de acceder a ellas por los costos sucedáneos, o de permanecer en ellas si no se someten a las normas ideológicas y políticas impuestas.

– La educación superior en Cuba no es productiva ni competitiva, sino estéril e ineficiente. Las universidades no generan conocimiento ni innovación ni desarrollo para el país ni para el mundo. Los egresados no tienen oportunidades laborales ni salariales acordes con su formación ni con sus aspiraciones. Los profesionales se ven obligados a emigrar o a trabajar en actividades informales o subempleadas.

– Los estudiantes cubanos no tienen garantizado un futuro digno ni próspero después de graduarse. El gobierno cubano les impone un salario miserable y una asignación laboral obligatoria, que no tiene en cuenta sus capacidades ni sus preferencias. Los profesionales cubanos no pueden ejercer su profesión libremente, ni emprender sus propios negocios, ni asociarse con otros colegas, ni competir en el mercado laboral. Tampoco pueden acceder a becas o programas de intercambio internacional, ni a cursos de actualización o especialización, ni a recursos tecnológicos o científicos, sin el visto bueno del régimen dictatorial.

En definitiva, veamos que los estudiantes cubanos pagan su educación con su trabajo forzado, su libertad restringida, su desarrollo profesional limitado y su futuro hipotecado.

Por todo esto, como mínimo pienso que la “universidad gratis” es una falacia que solo sirve para engañar al pueblo cubano y para mantenerlo sometido al régimen dictatorial. Creo que la verdadera educación superior debe ser pública pero también privada; debe ser financiada pero también accesible; debe ser de calidad, pero también diversa; debe ser libre pero también responsable; debe ser inclusiva pero también meritocrática; debe ser productiva pero también solidaria.

Así que, ya que estamos, vamos a ampliar un poco más para incitar el debate social: La idea de una educación universitaria gratuita es atractiva para muchos, pero ¿realmente es posible en la pocilga kakistocrática castrista?

¿Tú crees que los revolucionarios compañeros tuyos del Granma, Cubadebate, o cualquier otro nos permitan utilizar, como CUBANOS, las instituciones CUBANAS?, ¿o te parece bien que sigan raptadas a punta de pistolas y palos por los “revolucionarios”?

Falacia 1: La gratuidad universal es factible.

Uno de los argumentos más usados a favor de la educación universitaria gratuita es que es viable y sostenible desde el punto de vista económico y social.

Sin embargo, esto no se ajusta a la realidad de Cuba, donde la economía está sometida al control estatal y los recursos son escasos. Por ejemplo, según el Banco Mundial, el PIB per cápita de Cuba en 2019 fue de 8.821 dólares, muy por debajo del promedio mundial de 11.429 dólares.

Además, el gobierno ha mostrado su incompetencia para gestionar eficientemente los recursos disponibles. Por ejemplo, según el informe de Amnistía Internacional de 2020, el gobierno cubano ha restringido el acceso a internet y la libertad de expresión de los ciudadanos, lo que limita su capacidad para acceder a información y participar en la sociedad civil.

Falacia 2: La gratuidad universal promueve la equidad y la igualdad social.

Otro argumento común es que la educación universitaria gratuita promueve la equidad y la igualdad social. Al permitir que todos los ciudadanos tengan acceso a una educación supuestamente de calidad.

Sin embargo, en Cuba, la educación ya es universal y gratuita desde el nivel primario hasta el superior, independientemente de su situación financiera. La verdadera desigualdad radica en el acceso a oportunidades económicas y políticas, que están controladas y restringidas por el régimen castrista.

Por ejemplo, según el índice de desarrollo humano de 2020, Cuba ocupa el puesto 72 de 189 países en términos de libertades civiles y políticas. Además, según el índice de libertad económica de 2021, Cuba ocupa el puesto 178 de 180 países en términos de derechos de propiedad, libertad empresarial y libertad comercial.

Falacia 3: La gratuidad universal mejora la calidad educativa

Un tercer argumento es que la educación universitaria gratuita mejorará la calidad educativa.

Sin embargo, en la práctica, esto no ha sido cierto, al no haberse cumplido en Cuba. El gobierno controla el plan de estudios, el currículo, y la enseñanza, lo que ha llevado a una educación politizada, ideologizada y de muy baja calidad.

Por ejemplo, según el informe del Observatorio Cubano de Derechos Humanos de 2019, el gobierno cubano ha impuesto un sistema educativo basado en la doctrina marxista-leninista y ha perseguido a los profesores y estudiantes que expresan opiniones críticas o disidentes.

Además, la falta de financiación y recursos ha impedido el desarrollo de las instituciones educativas y limitado su capacidad para mejorar la calidad de la educación. Por ejemplo, según el ranking QS de universidades latinoamericanas de 2021, ninguna universidad cubana se encuentra entre las primeras 100 ni siquiera del continente.

En resumen, la idea de una educación universitaria gratuita puede sonar atractiva, pero en el contexto castrista de Cuba, es una falacia. En lugar de enfocarnos en la “gratuidad universal”, debemos luchar por un sistema educativo justo y equitativo que promueva la libertad académica y el acceso a oportunidades económicas y políticas para todos los cubanos.

Ecce Homo Revolucionarius Hypocrĭtas

Digamos que ahora quisiéramos comprender la diferencia entre hipocresía, cinismo y desconocimiento para entender algunos aspectos de la relación entre nosotros los cubanos y para con los demás. Estos tres conceptos se refieren a actitudes o comportamientos que implican una falta de honestidad, coherencia y conocimiento, pero que se manifiestan de distintas formas.

La hipocresía se refiere a la acción de fingir una virtud, moral o creencia que no se tiene, no se siente o no se piensa, o de actuar de manera contradictoria a lo que se predica. Es una forma de engaño o falsedad en la que una persona muestra una apariencia o actitud que no refleja su verdadero yo. O sea, una forma de mentir o engañarse a uno mismo y a los demás, ocultando las verdaderas intenciones o sentimientos.

Por ejemplo, alguien que critica abiertamente la corrupción pero que en secreto se beneficia de prácticas corruptas. Otro ejemplo de hipocresía es el de un periodista que critica la acción represiva de las fuerzas policiales de otra nación, pero halaga la represión del estado para el que trabaja.

También un ejemplo sería el de un político que se dice paladín de los derechos humanos, pero da la orden de combate a su osca muchedumbre con palos y ejercito incluido contra su propio pueblo. O los artistas e intelectuales extranjeros que visita turística y superficialmente a Cuba y alaban el sistema sin conocer la realidad de la isla ni el sufrimiento de sus habitantes.

El cinismo, por otro lado, implica una actitud de desprecio o indiferencia hacia los valores, convenciones sociales o moralidad establecida, mostrando indiferencia o desvergüenza ante ellos. Un cínico tiende a desconfiar de las motivaciones y acciones de los demás, y puede mostrar una actitud de burla, sarcasmo o desdén hacia normas y convenciones sociales.

El cinismo puede manifestarse a través de comentarios irónicos o negativos sobre la sociedad o las acciones de los demás, sin preocuparse por las repercusiones o por cómo pueden afectar a los demás. Es decir, es una forma de negar o rechazar lo que se considera bueno o correcto sin importar las consecuencias o el sufrimiento que se pueda causar.

Un ejemplo clásico de cinismo sería el de un filósofo que renuncia a buscar la verdad o el sentido de la vida, y que se conforma con vivir según sus propios intereses o placeres. Otro ejemplo sería el de un político que miente descaradamente a la gente, sabiendo que ésta conoce su falsedad, pero que no le importa lo que piensen o sientan, porque no le trae consecuencia alguna.

El desconocimiento es la falta de información o conocimiento sobre un tema o una realidad. Es decir, es una forma de ignorar o desconocer lo que existe o sucede. Sin poder tener una opinión crítica o una responsabilidad al respecto. Un ejemplo de desconocimiento sería el de una persona que no ha leído nunca un periódico y que no sabe diferenciar entre publicidad y contenido editorial.

La hipocresía y el cinismo son dos actitudes que pueden dañar las relaciones humanas y la convivencia social. Mientras que la hipocresía implica un conflicto entre la apariencia y la realidad, el cinismo implica una actitud de desapego y desprecio hacia los valores y normas establecidas.

Ambos comportamientos son considerados negativos, ya que involucran una falta de integridad y autenticidad en las acciones y actitudes de una persona. Ambas son formas de mentir, pero con diferentes grados de descaro y vergüenza.

En definitiva, la diferencia entre hipocresía, cinismo y desconocimiento nos muestra tres formas distintas de relacionarse con la verdad, con los demás y entre nosotros mismos. Visto así, la hipocresía sería una forma de ocultar la verdad, el cinismo una forma de negar la verdad y el desconocimiento una forma de ignorar esa misma verdad.

Estos tres conceptos pueden ayudarnos a comprender la relación entre lo que yo llamo pseudointelectuales cubanos, la élite política y el pueblo cubano avasallado.

Los pseudointelectuales cubanos son aquellos que se presentan como defensores de la cultura y la libertad, pero que en realidad son cómplices o beneficiarios del régimen dictatorial. Son hipócritas porque fingen una postura crítica o independiente, pero en realidad obedecen o apoyan a los intereses del poder.

La élite política es aquella impuesta e incógnita mafia de buró jugando a lo político, y sus voceros de turno en la amordazada asamblea sin poder ni pueblo, que gobierna Cuba desde hace más de sesenta años, sin respetar los derechos ni las necesidades de mi pueblo. Son cínicos porque saben que su discurso “revolucionario socialista” es una farsa, pero no les importa lo que sufra o piense el pueblo ignorante ciego y sometido.

El pueblo cubano, o sea, nuestro pueblo, si es que te atreves llamarle así, son meros vasallos, esclavos asalariados, que viven bajo la opresión y la miseria, sin acceso a la información ni a participación alguna en las decisiones políticas de la nación. Son desconocedores porque ignoran la realidad de su país y del mundo, y porque le son negadas las herramientas para cuestionar o cambiar su situación.

Estas tres formas tienen consecuencias negativas para el desarrollo humano y social, pues impiden el diálogo, el aprendizaje y el cambio. Por eso, es necesario promover una actitud crítica, ética y responsable, que busque conocer y difundir la verdad, y que respete y defienda los valores universales con transparencia y sobre la base de la verdad.

Tres actitudes que se relacionan entre sí y conforman un círculo vicioso que impide el desarrollo y la libertad de Cuba. Los pseudointelectuales hipócritas legitiman y justifican el poder de los cínicos políticos, que a su vez manipulan y controlan al pueblo desconocedor. El pueblo ignorante se deja influir por los pseudointelectuales hipócritas, que le hacen creer que, se puede criticar y ser libres, pero dentro del constructo distópico revolucionario, y que no hay alternativa al cínico sistema político “socialista”.

Para romper este círculo vicioso se necesita, simplemente, una actitud opuesta: la honestidad. La honestidad es la actitud de ser coherente y sincero con lo que se siente y se piensa, expresándolo con respeto y claridad. Es una forma de ser fiel a uno mismo y a los demás, buscando la verdad y la justicia. La honestidad es el primer paso para el cambio y la liberación de Cuba.

Aunque la hipocresía parece ser una característica distintiva de la mayoría de los Homo Revoluciunarius kubinskiy quienes reconocen y aceptan conscientemente los valores de la sociedad socialista idealizada pero no actúa en consecuencia con ellos. En su caso, pareciera que los impulsores (drivers) internos de la personalidad esa especie de pensamientos (o creencias personales) preconcebidos emanan como una orden que le impone comportarse conforme a lo mismos, han sido reprogramados propagandísticamente por el adoctrinamiento sistemático desde la infancia, para ser intensos y ponderar ese “hombre nuevo revolucionario”, por encima de la verdad y la moral humana.

Este es el eslogan de la pedante realidad de los hipócritas, de los confiables, esos favorecidos por un sistema opresor, los utilizables, y los tontos útiles, los verdaderos hipócritas revolucionarios. ¡Hablamos del Homo Revevolucionarius Hypocrĭtas!

La expresión sublime de hipocresía en estos individuos es su reconocimiento del conflicto entre el régimen castrista y el cubano de a pie, pueblo que en su mayoría es ignorante político del propio conflicto. Esta especie, lejos de intentar reconciliar los intereses en favor de la mayoría poseedora de los derechos, se cobijan en el poder, abandonando así sus responsabilidades morales como intelectuales, de ahí les ha de venir lo de “pseudo”.

Evaden o aplazan reconocer públicamente y tratar el conflicto, a fin de cuentas, no necesita directamente de una de las partes (pueblo) más que para el ascenso, el coste resultante de afrontar el conflicto es demasiado alto para ellos, por lo que recurren a negarlo, con retóricas y ridículas bazofias mientras pueden.

Al mismo tiempo que resuelven su propio conflicto con el régimen al más sumiso estilo complaciente, acomodándose a los mandatos del Cacique y sus esbirros, concediéndole toda clase de ofrendas, incluida las de ser usados como propaganda. Todo para conservar un estatus de tranquilidad y posición privilegiada que muchas veces los lleva a comprometerse tanto que terminan siendo parte del establishment de la tiranía.

Así el pueblo cubano ha sufrido durante décadas las consecuencias de la hipocresía y el cinismo de sus gobernantes, que han prometido libertad, democracia y prosperidad mientras reprimían, controlaban y empobrecían a la población. El castrismo ha sometido a nuestro pueblo a la tiranía y el engaño de sus gobernantes, que han convertido la isla en una cárcel sin derechos ni esperanza.

El régimen castrista ha manipulado el lenguaje usándolo como una herramienta de propaganda y adoctrinamiento, un arma de dominación y alienación, distorsionando y ocultando la realidad, negando y violando los derechos humanos.

«Verdad viene de Alétheia. “A” es una partícula privativa, “lethia” es el lethos, el olvido, del olvido viene el rio Leteo, que hay que cruzar para llegar al Tártaro. La verdad es quitar el velo, el olvido. La verdad es recordar. Desolvidar. Así está en Parménides. Veritas, en latín, no tiene la misma profundidad. La verdad esta siempre en todas partes» —Antonio Escohotado

El pueblo cubano solo se librará de su némesis cuando abandone la necedad de la hipocresía y el cinismo, y se acoja a la verdad. La verdad para Parménides se entiende como un “des-velamiento” o un “descubrimiento”, que implica no solo una constatación objetiva, sino también una actualización de la memoria y una coordinación entre lo subjetivo y lo objetivo. La verdad, en este sentido, es una relación activa entre lo que se sabe y lo que se recuerda.

«Lo real es infinitamente denso» —Antonio Escohotado

La verdad es que nuestro pueblo se ahoga en paupérrima miseria, que ni siquiera tenemos derecho al emprendimiento y hacer por nosotros mismos, por nuestras familias, barrios y ciudades. Que el Leviatán “sosiolisto”, invierte más en propaganda para enmascarar la realidad que en programas socialmente útiles, que la maquinaria propagandística y sus “organizaciones de masas” son el verdadero lastre económico, político y social que nos tiene atados en el fonde del abismo.

«¿En qué se diferencia la realidad de cualquier otra cosa? En el infinito pormenor que la rodea. Toda cosa real es interminable en el espacio, en el tiempo, en los detalles. Toda cosa fantaseada por ejemplo, una utopía, un sueño, una fantasía… ¿A que ahí no hay infinitud por ninguna parte? Preguntas al personaje que sale en el sueño ¿de qué color son sus calcetines? Y no lo sabes, porque no es real» —Antonio Escohotado

La verdad que emanada de nuestra realidad, es que Cuba necesita un cambio político urgente, que permita la participación ciudadana, el pluralismo ideológico y el respeto a las libertades individuales. La verdad es que Cuba merece un futuro mejor, que solo podrá construirse con el esfuerzo colectivo de todos los cubanos.

¡No es medible, pero masturba… la plusvalía! el opio de los pseudointelectuales cubanos.

No pretendo hacer leña de árboles caídos, desde el estrepitoso fracaso teórico y práctico, del concepto medular de Marx en la teoría del valor-trabajo (teoría objetiva del valor), ampliamente refutada y descalificada, puesto que en su mayoría los economistas actuales dan por sentado la teoría del valor subjetivo

Esta teoría del valor como uno de los conceptos principales de la Escuela Austriaca de Economía, la teoría del valor subjetivo plantea que el valor de un bien no está determinado por la cantidad de trabajo requerido para producirlo, ni siquiera, por alguna propiedad inherente a este bien, ni sino por la importancia (subjetiva) que un individuo le da para lograr sus objetivos o satisfacer sus deseos.

Eso explica, por ejemplo, porqué un cuadro de una pintura valga más millones que un equipo de tomografía (valor de uso), o que algunos estén dispuestos a pagar muchísimo por una foto de una chica en OnlyFan que toma segundos realizar y compartir, que termina valiendo mucho más que un libro, y para otros viceversa.

En fin, acercándonos un poco a la plusvalía que tanto le gusta a los sociolistos”, como idea central en la teoría económica marxista, que sostiene que el beneficio de los empresarios se basa en la explotación de los trabajadores, que producen más valor del que reciben como salario. Según esta teoría, la plusvalía es la causa de la desigualdad y la injusticia social en el sistema capitalista.

Independientemente de que el concepto la “plusvalía o plusvalor” se basa en una construcción irreal y que ha generado un sinnúmero de malentendidos y confusiones a lo largo de la historia. Que la idea de calcular los precios por unidad de tiempo no es válida, ya que el valor de un producto o servicio no se puede reducir únicamente al tiempo de trabajo empleado en su producción. Y que esta idea ha sido desafiada con el tiempo, terminando en el descrédito junto a la fe a la economía planificada.

Obviando los errores centrales, y utilizando su propio concepto, es que me he preguntado ¿qué pasa cuando el sistema no es capitalista, sino socialista?

¿Qué pasa cuando el Estado es el único empleador y propietario de los medios de producción?

¿Qué pasa cuando los trabajadores no tienen libertad para elegir su ocupación, su salario o su lugar de residencia?

¿Qué pasa cuando el Estado controla todos los aspectos de la vida económica, política y social de los ciudadanos? ¿Qué pasa con el fenómeno Cuba?

En este caso, la plusvalía no desaparece, sino que se transforma. Se transforma en una plusvalía estatal, que el Estado recursos y mano de obra barata extrae de los trabajadores para financiar sus gastos y proyectos para mantener su poder político, mientras restringe la libertad individual y controla todos los aspectos de la vida económica, política y social.

O en una plusvalía política, que el Estado utiliza para mantener su poder y reprimir a sus opositores. Se transforma en una plusvalía ideológica, que el Estado impone a los ciudadanos para adoctrinarlos y alienarlos.

La plusvalía estatal, política e ideológica es la realidad de la Cuba castro-narco-socialista. Una realidad que algunos pseudointelectuales cubanos intentan ocultar o justificar con argumentos falaces y dogmáticos. Y no representa otra cosa para ellos más que la deshonesta y reprochable “compra de sus voluntades”, en el contexto cubano actual la plusvalía se transforma en una forma de dominación estatal.

Así es que en el contexto de una Cuba castro-narco-socialista, la plusvalía adquiere nuevas dimensiones y se convierte en una herramienta de control y dominio por parte del Estado. Esta plusvalía estatal, política e ideológica, se nutre de la explotación de los trabajadores y de la supresión de sus derechos fundamentales en un sistema donde el Estado es el único empleador y propietario de los medios de producción.

En este contexto, algunos pseudointelectuales cubanos se aferran a la plusvalía como un mecanismo de consuelo y justificación. Utilizan retóricas y verborreas para defender la supuesta igualdad y justicia social, mientras ignoran las realidades de opresión, desigualdad y falta de libertades fundamentales que experimenta la población cubana.

Su discurso se convierte en una masturbación política, una forma de estimulación intelectual que les brinda gratificación y alivio, pero que carece de fundamento real. Estos pseudointelectuales se aferran a la plusvalía como un opio que les aplaca del sufrimiento y la frustración. Como una masturbación política que les estimula y les retribuye. Como una religión que les salva y les redime.

Estos pseudointelectuales, de forma inmovilista, irresponsable y poco ética, se convierten en cómplices del sistema, comprando voluntades y perpetuando la opresión estatal. Su negativa a reconocer las falencias y contradicciones del régimen cubano, su negativa a enfrentar la realidad y buscar soluciones concretas, los sumerge en un estado de alienación y desconexión con la verdadera realidad del pueblo cubano.

La plusvalía estatal, política e ideológica, se convierte así en el opio que narcotiza a estos pseudointelectuales, impidiéndoles ver más allá de la fachada del sistema y perpetuando su irresponsabilidad e inmovilismo cómplice. Esta ficción de la plusvalía se presenta como una ilusión salvadora, una mentira que les permite mantener su fe en un sistema fallido y justificar su complicidad.

En definitiva, la plusvalía estatal castrista, ya sea “en metálico o en especie” es una trampa adictiva que oculta la verdadera realidad cubana. Es necesario romper con esta aberración moral y despertar del letargo ideológico para construir un futuro más justo y libre para una Cuba de todos.

Permíteme mientras me despido terminar de expresar mi profunda indignación (ninguna decepción) ante tu actitud ambigua y tu juego de doble moral. En mi calidad de médico cubano, no puedo quedarme callado mientras presencio cómo te esfuerzas por ganarte el favor de diferentes públicos, sin importar las consecuencias éticas y morales.

No me vengas con la demagogia de patriotismo revolucionario, porque sabes muy bien que tienes privilegios que la inmensa mayoría de los cubanos no tiene. Disfrutas del acceso a internet, mientras más del 95% de nuestros compatriotas carece de esta herramienta fundamental para el desarrollo y la comunicación. Puedes darte el lujo de tener comodidades (carro, casa…) que la mayoría del otro 97 % de los cubanos no lo puede ni soñar, mientras la otra Cuba sufre en la escasez y la carencia.

Tampoco olvides que puedes viajar libremente por el mundo, mientras la gran mayoría de nuestros hermanos está atrapada en las fronteras impuestas por el régimen. Mientras tú te deleitas con experiencias internacionales, ellos se enfrentan a un aislamiento cultural impuesto, privados de la oportunidad de expandir sus horizontes y enriquecer sus conocimientos.

Este es mi modesto consejo, deja de ser cómplice de la manipulación a la que nuestra Cuba está sometida. Los manipulados, las víctimas de la desinformación y el aislamiento cultural pueden merecer comprensión y perdón. Pero los pseudointelectuales oportunista, jamás serás perdonados.

Vivir en Cuba con el consentimiento de la dictadura puede resultar lucrativo para ti, pero es carente de ética, desprovisto de patriotismo y completamente ajeno a los principios martianos que deberían guiar nuestra conciencia.

Te insto a reflexionar sobre tus acciones y a actuar en consonancia con la verdadera justicia y la libertad. Nuestra Cuba necesita voces valientes y auténticas, no colaboradores de un régimen que ha pisoteado nuestros derechos fundamentales durante décadas. Es hora de que te despojes de tu complicidad y te pongas del lado del pueblo cubano, en busca de un futuro de dignidad, democracia y prosperidad.

Espero haber respondido a tus comentarios con argumentos racionales y respetuosos. Te dejo aquí una invitación a reflexionar sobre ellos y a dialogar conmigo sin prejuicios ni ofensas, cuando quieras por privado o mejor públicamente.

«Puedes engañar a todas las personas una parte del tiempo y a algunas personas todo el tiempo, pero no puedes engañar a todas las personas todo el tiempo» — Abraham Lincoln (atribuida)

Contrarrevolucionariamente.

J.A.


Publicado por

José Alberto

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